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NEGOCIO · 22 SEP 2026

Pregunta quién puede cambiar un precio antes de pagar el sitio

Un sitio que no puedes editar es una factura mensual con pasos extra. Tres preguntas, hechas antes de pagar, deciden si de verdad es tuyo lo que compraste.

En enero una ferretería sube sus precios. El dueño le escribe a la persona que le hizo el sitio, espera, vuelve a escribir, y tres semanas después el sitio sigue mostrando los números del año pasado. Los clientes llegan citando un precio que ya no existe, y el mostrador discute con ellos gratis.

El sitio no estaba mal hecho. Lo que estaba mal era el acuerdo. Lo que decide si un sitio te sigue sirviendo no es el diseño, es quién tiene las llaves y qué partes puedes cambiar sin pedir permiso.

Las tres preguntas

  • ¿A nombre de quién está el dominio? Debe estar registrado a tu nombre o al de tu empresa, en una cuenta cuyo correo tú controlas. El dominio es tu dirección; quien lo tiene puede llevarse el sitio y tu correo con él.
  • ¿Desde qué cuenta se paga el hosting? Si está dentro de la cuenta de reventa de otra persona, no puedes mover tu sitio el día que la relación termine.
  • ¿Qué partes puedes cambiar tú mismo, hoy, sin llamar a nadie? Precios, horarios, el número de WhatsApp, una foto. Pide que te lo demuestren, no que te lo prometan.

Hazlas en ese orden. Un sitio bonito en un dominio que no es tuyo vale menos que uno sencillo que sí controlas, porque el primero te lo pueden quitar en una tarde y el segundo no.

01
Dominio a tu nombre
→
02
Hosting en tu cuenta
→
03
Precios que puedes editar
→
04
Lo demás por cotización
Acuerda esto antes que el diseño

Qué es justo esperar

No todo tiene que ser editable. Construir una pantalla de administración para un texto que cambia una vez al año cuesta más de lo que ahorra, y lo decimos. La división honesta es que lo que cambia con tu negocio lo editas tú, y lo demás es un trabajo pequeño y pagado cuando lo necesites.

  • Precios, horarios, teléfonos y fotos: tuyos, con una pantalla lo bastante simple para que la use tu cajera.
  • Una entrega por escrito: registrador del dominio, hosting y cualquier cuenta creada a tu nombre, con las contraseñas en tus manos.
  • Un precio acordado de antemano para cambios pequeños, para que una edición de dos líneas sea un costo conocido y no una negociación.
  • Una copia del sitio que puedas descargar, para que mudarte con otro desarrollador sea un traspaso y no volver a empezar.

Si la persona que te hizo el sitio dejara de contestar mañana, ¿podrías cambiar un precio? Esa sola pregunta es toda la prueba.

Cuándo nada de esto importa

Si tus precios de verdad no se mueven y el sitio son cuatro páginas que dicen quién eres y dónde estás, un sitio fijo sin pantalla de edición es la respuesta correcta y barata. La trampa no es la simplicidad. La trampa es pagar todos los meses por algo que nadie en tu negocio puede cambiar.

Las tres preguntas no cuestan nada y son difíciles de hacer después. Hazlas mientras la cotización sigue sobre la mesa, y escribe las respuestas en lo que vayas a firmar.

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